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El ser humano tiene la cualidad innata de la curiosidad, que a todos nos lleva a querer conocer. Sin curiosidad, nuestro aparato mental no tendría estímulo para indagar en los diferentes campos del conocimiento, por lo que es una herramienta que hay que saber manejar y cuidar.

Curioso, del latín curiosus, de curare = curar, que significa cuidar, preocuparse, interesarse, y el sufijo -osus, que indica «abundante en». Por lo que curioso es aquel o aquella que se interesa o se preocupa más de lo normal por algo, se cuida de conocer, y así también podríamos decir que el conocimiento cura de la ignorancia.

Al niño, desde que empieza a tener uso de razón, le invade la curiosidad, se preocupa y se cuida de conocer, sobre todo, aquello que le rodea y aquello que intuye y que va más allá de lo cotidiano, por lo que nos puede preguntar por qué a tal persona le brillan más los ojos, o por qué el mar tiene tanta fuerza, o por qué el sol solo brilla de día. Sus preguntas, a medida que crece, se van haciendo más concretas y pierden la magia que le hacían observar las cosas desde el asombro para tratar de curarse de su ignorancia.

Lo duro es que, creyendo que nos estamos curando, hemos caído en una red engañosa. La curiosidad se va disipando gracias al disolvente de la opinión, tomando juicios que no coinciden con la realidad, creyendo así que conocemos cuando solo tenemos opiniones que no tienen una buena base de investigación o que son tomadas de aquellas que están aún por demostrar y por terminar de resolver. Nuestra propia mente, junto con aquello que le agrada o le desagrada, lee, escucha, mira y, consciente o inconscientemente, elabora opiniones acerca de la vida, del ser humano, de los demás, de la muerte, del dolor, del porqué de la existencia... y creyendo que ya conoce, deja de preguntar, deja de curarse.

Situémonos en la filosofía, en el amor a la sabiduría o al conocimiento, en el amor como motor que nos sacará del confort de la opinión para caminar hacia otra realidad mejor y más sana. ¡Amigo lector, cuídate!

LIBRACO

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