susto aburrir

¿Cuántas veces hemos oído la frase “¡me aburro!”? Parece que designa un momento de ociosidad inactiva en la que no estamos entretenidos, o incluso podemos pensar que tiene que ver con los burros, pero lo curioso es que se refiere a un estado emocional. La palabra aburrir viene del latín abhorrere, compuesta de ad (‘sin’) y horrere (‘ponerse los pelos de punta’).

Es bastante llamativo que el estado de aburrimiento sea causado por aquello que no nos pone los pelos de punta, que no nos asusta; es como si tuviéramos que vivir continuamente asustados para no aburrirnos, o tener inyectada adrenalina en sangre para sentirnos activos y vivos y no decaídos y apáticos.

La verdad es que si uno va al cine y no siente cierta tensión emocional que le mantenga la atención, comienza a aburrirse, a sufrir un estado de ánimo producido por falta de estímulos, diversiones o distracciones. Lo mismo sucede con los videojuegos: el ánimo que hay que conseguir es el de excitación; si no, es un juego aburrido.

Pero también es verdad que no hace falta sentirse alterado o asustado para no estar aburrido. Cuanto más necesitamos de un estado de alteración emocional, más propensos al aburrimiento seremos, porque lo veremos todo tedioso.

Hay que subir de nivel, es decir, ponerse por encima de las emociones que necesitan cada vez más de estímulos externos y situarse en aquellas emociones que nosotros mismos somos capaces de provocar: emociones que nos permitan vernos a nosotros mismos, a la gente, al mundo y a la vida con una mirada única y llena de valores que nos den una calidad de vida emocional más auténtica, sin depender de que sea el mundo el que nos alegre la vida.

Necesitamos ser más felices y no tan asustadizos o nerviosos, necesitamos de experiencias que nos llenen como seres humanos, que nos hagan alegres, estables y fuertes; eso sí que no es aburrido.

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SagradoHumildad

Seguramente, la primera impresión al oír esta palabra no es muy buena; solemos asociar la humildad a un estado religioso de obediencia y sumisión, por lo cual es normal que nos provoque algo de rechazo querer elegir practicar esta virtud, porque asociamos obediencia y sumisión con pérdida de libertad e identidad. Esta es la tercera definición que el diccionario nos da para este concepto.

También solemos asociarlo a pobreza material: “Era una persona humilde”. Con ello decimos que era pobre, y también es normal, pues es la segunda definición que nos da el diccionario. Es una escasez material, un estado exterior o circunstancial de la persona y que nada tiene que ver con un estado interior.

La filosofía siempre ha proclamado el “Conócete a ti mismo” y, sorprendentemente, la humildad es un valor muy importante para lograrlo. Si volvemos al diccionario, encontramos que otra de sus definiciones, la más importante, dice: “Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”. Esta es la definición que menos se aplica, aunque es la más importante de todas y es, justamente, la que más nos puede aportar.

Humildad viene del latín humilitas, de raíz humus: ‘tierra’, de donde deriva “postrar a uno por tierra”. Este postrarse por tierra, en un principio, era la muestra de la superioridad del mundo de lo sagrado, porque uno se postraba ante la imagen de aquello que veía como inviolable, lo superior, lo mejor, lo divino: el dios o la diosa. De esta manera se reconocía la propia posición terrenal inferior y falta de conquista de lo divino, frente a lo que se quería alcanzar como perfección.

Una vez caída la idea de lo sagrado como una vivencia natural y que pasa a ser impuesta por otro, es cuando la humildad se vuelve un postrarse en tierra frente a la superioridad por fuerza, porque el que se postraba sentía que lo hacía frente a uno como él, otro ser humano con sus debilidades y limitaciones, y sin deber moral, porque no trabajaba para superarse, y es entonces cuando lo vivimos como bajeza y sumisión. No hay ninguna idea detrás que lo ensalce o que lo haga ir hacia metas más grandes, espiritualmente hablando. Ya no hay modelos, ya no hay humildad.

Recuperemos la idea de lo sagrado como motor de superación individual; ello nos permitirá vivir la humildad como trabajo interior, un mundo sagrado que nos dignifica como humanos.

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ElValorDeLasPalabras Obedecer

¿Qué nos viene a la cabeza cuando oímos la palabra obedecer? La primera impresión es coacción, una fuerza que nos obliga y con la que no estamos de acuerdo, y esto es lo que nos dice la RAE en su definición; pero la etimología es bien distinta, pues la palabra obedecer viene del latín oboedescĕre y significa “saber escuchar”, que se diferencia de oír. Continuamente estamos oyendo cosas, pero solo cuando ponemos atención escuchamos, lo que implica colocar la conciencia en aquello que quiero atender.

Escuchar supone poner en acción otros elementos de nuestra conciencia, como la imaginación y la inteligencia, cualidades que permiten seguir y ver lo que escucho para poder comprenderlo.

Es saber escuchar, porque hay que entender para obedecer, es decir, conocer, lo que supone la libertad de escoger lo que quiero realizar o construir, porque la inteligencia, el saber discernir así me lo dicta.

El que no entiende no obedece y es, entonces, cuando se le puede obligar, porque no entra en razón, como lo hace una madre con su hijo: el pequeño aún no ha desarrollado su capacidad de comprensión de lo que es bueno y malo, no entiende por qué tiene que recoger, o acostarse a una hora, o comer sano, él se deja llevar por sus juegos infantiles y sus deseos, que es a lo que presta oído.

Hay, por supuesto, diferentes tipos de obediencia, pero si nos ceñimos a la etimología, la auténtica obediencia es aquella que se ajusta a la libertad del individuo, porque se la otorga su inteligencia, su conocimiento. Es así como se hace responsable, o dicho de otra manera, se ve obligado a responder a su discernimiento y no se deja llevar por los instintos y deseos que nublan su razón.

Por lo tanto, obedece quien realmente conoce y se deja someter, quien no tiene una mente suficientemente educada para poder elegir con discernimiento. Y tú, ¿obedeces o te dejas llevar?

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01 A es igual a Toro

¿Alguna vez nos hemos preguntado por qué la vocal a aparece al principio del abecedario? O, simplemente, ¿qué significado tiene esta letra?

Si le damos un giro de 180 grados a la letra A y colocamos en el triángulo inferior unos ojos y una nariz, veremos una cabeza de toro con sus cuernos, y es que precisamente ese es su significado: TORO.

Su raíz está en el protosinaítico Alef, que significa “toro”, lengua que evolucionó a partir de los jeroglíficos egipcios, donde encontramos que toro se decía Apis.

ValorDeLasPalabras Maduez

La palabra madurez o maduro/a viene del latín maturus, que significa “lo que ha alcanzado el desarrollo esperado”. A su vez se vincula con la raíz indoeuropea *ma-1, que significa “bueno” o “en su momento oportuno”.

Si este concepto lo trasladamos al ser humano, diremos que su cuerpo alcanza la madurez cuando ha llegado a su completo desarrollo. Por fortuna, este sigue un plan natural independientemente de lo que podamos desear cada uno de nosotros. Sin embargo, hay otros “desarrollos” que son internos, como el psicológico y el mental. Ellos necesitan un correcto crecimiento para alcanzar la madurez.

El Valor De Las Palabras Trabajo

A todos nos suena la expresión ¡otra vez es lunes!, que asociamos con el comienzo de las jornadas de trabajo y las interminables horas que nos conducirán de vuelta a la liberación del viernes, donde a partir de entonces, el tiempo parece acelerarse demasiado para nuestro gusto y desembocar en la noche del domingo para llegar al comienzo de los días laborables.

¡Qué estrés! :( Nuestra vida se desarrolla semana tras semana hasta llegar a los días de descanso, y de ellos a la búsqueda del mes de vacaciones... y un día nos damos cuenta de que somos esclavos y que la vida se nos está escapando estúpidamente.

purificar

¿Qué imagen nos viene a la mente cuando oímos la palabra cloaca? Por lo general, algo poco agradable.

En su origen, su significado estaba muy alejado de la idea que nos hacemos hoy en día. Si bien actualmente deriva de desagüe, esta palabra estaba relacionada con el verbo arcaico cloare o cluere, que significa «purificar» o «lavar». Precisamente en Roma había una divinidad que llevaba el nombre de «Cloacina», diosa de la purificación.

Derrota imposible derrota

 La palabra derrota significa “revés militar”, del francés “deroute” (desbandada). A su vez de “rote” (rota), del latín “rupta”, grupo dividido, roto.

Pero hay una segunda acepción para esta palabra: Camino, vereda o senda de tierra (de derromper). También rumbo o dirección que llevan en su navegación las embarcaciones o las aeronaves. Esta proviene del latín “ruptus, -a, -un”, participio de “rumpere” (romper). Así pues, primitivamente “derrota” significaba “camino abierto rompiendo los obstáculos”.

NuevaAcropolisBilbao MenteYCerebro

La palabra cerebro viene del latín “cerebrum”, con el mismo significado. Su raíz indoeuropea indica la cabeza, lo alto de la cabeza, y lleva el sufijo “brum”, de llevar, por lo que se traduce “lo que lleva la cabeza.

Y nuestra cabeza porta la herramienta más desconocida: el cerebro; creación no humana usado a bajo rendimiento y casi siempre para cosas intrascendentes que deterioran este magnífico instrumento.

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